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Por un camino empedrado y embaldosado de crujíentes o aún suaves hojas rojas, amarillas y marrones que exhalan olor a barro y musgo.Cielos grises, plomizos, brumosos de aún no amanecido que pesan sobre casas de puertas clausuradas donde la tristeza aguarda y la soledad se enconde bajo la cama. El café humeante en el hornillo y su aroma expandiéndose en el espacio de un tiempo naranja y de horas brujas. Olor que a nadie deja indiferente por su misterio y su fuerza a veces amarga y otras dulce. Su oscuridad y su fortaleza que a veces se desploma como un castillito de naipes sin que ningún niño vuelva a intentar recomponerlo.Nadie quiere jugar.Los días de peonza y parchís acabaron. Fantasías que no se ven, realidades que la lluvia ayuda a crecer enterrando las vivencias como raíces en el suelo.
Una ventana azul, gotas de lluvia que cantan como repiqueteo de dedos en el cristal y que danzarinas bailan al son de este Carnaval.
¿O era Halloween?

(1º foto Jackie Rueda , 2º foto:Flickr)
